La trayectoria de los lectores en el aire | Intercambios con Constanza Ternicier

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Por Orianna Camejo

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«We should shine a light on / and the book I write on write on» Así suena The Roots en lo que se lee del día 3 de «La trayectoria de los aviones en el aire», de Constanza Ternicier, novela escrita a dos voces que presenta la vida de Amaya Tripet, una joven chilena que despierta en un hospital en Londres sin saber qué le pasó y por qué está ahí. Narrado en un tono intimista, que pone sobre la mesa las memorias, perspectivas y confusiones de una chica que intenta dar con las respuestas sobre su situación.

«We should shine a light on». Pero, ¿qué pasa cuando la luz se apaga en nosotros y nada vemos? ¿Qué le ha pasado a Amaya? Ella misma como personaje lo va descubriendo junto al lector, página tras página, reconstruyéndose como persona desde la desmemoria

Una novela poco convencional, llena de luces y sombras que nos muestra un lado de eso que llamamos locura; una historia donde el amor, esta vez, quizás no sea la respuesta. Puede que, por eso, esta no sea una entrevista convencional, sino un intercambio de propósitos e impresiones entre dos mujeres que hablan desde Santiago de Chile y Madrid:

Hay un discurso potente escondido detrás de esta historia de amor que tiene que ver con cómo pensamos y vivimos el deseo, sobre todo desde la perspectiva femenina.

Yo creo que es uno de los inputs relevantes del libro. Y tiene que ver con cruzar ese deseo con una serie de otros elementos que amplían su significado de deseo descarnado. Hay algo en Amaya de transformación, pero que al final termina estando viciada y bordeando la locura. Y, en parte, tiene que ver con ese deseo de ser otra persona, de renegar de un origen. Con querer acercarse a ese otro que es distinto.

«hay un juego de construir esa idea del amor romántico, o de una mujer que es pasiva en sentido amoroso, y que termina lanzándose en un rol mucho más activo en la búsqueda de la satisfacción de sus deseos»

 

En varias ocasiones, Amaya se nos presenta como una mujer llevada al borde del deseo por su enfermedad y también es muy clara con sus necesidades sexuales.

Es de dar un poco la vuelta a la historia. Por eso hay bastante ironía en el epígrafe de Bolaño sobre enfermedad, literatura y sexo. El hombre es el violador por antonomasia, pero en esta ocasión, eso se puede invertir en este episodio hipersexualizado de la protagonista. Creo que la novela soporta todo tipo de lecturas psicoanalíticas.

Igual hay un juego de construir esa idea del amor romántico, o de una mujer que es pasiva en sentido amoroso, y que termina lanzándose en un rol mucho más activo en la búsqueda de la satisfacción de sus deseos.

El proceso de Amaya transcurre en el hospital, donde coincide con personas de todo el mundo y va absorbiendo otras realidades, tomando conciencia de ello.

Absolutamente. El énfasis está puesto como en “quedarse varado”, o enferma en este caso, en un espacio que está un poco al margen del resto de la sociedad pero que condensa las posibilidades de una ciudad, como en este caso es Londres.

El espacio del hospital y una situación límite, como puede ser una enfermedad, exacerba esas características que tiene de por sí la ciudad. El aeropuerto, en ese sentido también, condensa significados. La migración, los virus y la enfermedad hacen que Amaya, nuestra protagonista, esté mucho más alerta a esa variedad cultural que existe en el submundo hospitalario. Y representa también la posibilidad de acceder a esa diversidad.

 

«la novela se trata del encuentro de ella con sus padres bajo una situación límite, que hace que se enfrente con su origen»

Aquí entra también una característica de Amaya: ella no es muy consciente sobre dónde quisiera estar, pero insiste en rechazar su país de origen.

Sí, es querer estar por negación. Da lo mismo dónde, pero no en su país. Todo el tiempo ella está peleando con su origen, renegándolo. Por eso, al final, la novela se trata del encuentro de ella con sus padres bajo una situación límite, que hace que se enfrente con su origen. Para deshacerse de él, cuestionarlo, o hasta cuánto puede llegar a conflictuarla como individuo.

Chile es un país diverso, con conflictos internos y pueblos originarios que acarrea diversidad. Pero, en ese sentido, no es un aspiracionismo de ir a “Occidente” o a lo europeo. No hay como una europofilia. La novela juega con la ironía cuando habla de los ojos azules de Aleix. Y, por parte de Amaya, tampoco es que ella sienta que ese lugar la complete y que sienta que es la maravilla y el edén.

Ella no parece tener raíces.

No tiene raíces, ni llegada, por eso el título de la novela.

Por otro lado, trazaste a dos voces el relato, en una mezcla de autoficción en segunda persona y con extractos omniscientes. ¿Cómo surgió esta estructura al momento de narrar?

 Este texto arranca de una experiencia personal, pero así mismo, en esa época estaba escribiendo mi tesis de doctorado, trabajando con muchos conceptos sobre autoficción. Siempre ha existido la autoficción; todos los textos tienen un componente autobiográfico, Yo creo que cuando hablamos de autoficción es como una forma de leer los textos, un modo interpretativo nada más. Y en esas lecturas que hice sobresale ese desdoblamiento de la voz. Porque uno finalmente nunca es igual a sí mismo. Y uno trata de hablar de un yo, pero en ese yo siempre hay un otro. Así surge necesariamente un , esa voz del diario de vida. Un inventado a partir de ese desdoblamiento. Así, caía de cajón que existiera esa segunda persona, para que fuera más íntima. Pero me parecía insostenible hacer toda la novela de esa manera.

Así, la novela descansa en esa tercera persona que nutre al lector con otros datos, como los reportes médicos y el diario del padre. Sobre la pregunta en sí, estructuré la novela con ese sentido de juego entre voces, pero la escritura fue lineal, cronológica.

Es curioso, porque las veces que se dan pistas sobre el futuro de Amaya se dan en segunda persona. Y brinda temporalidades interesantes porque no parece lineal, a pesar de que lo es.

 Finalmente, ¿cómo sientes que es la experiencia de leer «La trayectoria de los aviones en el aire» en esta edición de Libros del Fuego?

 Acá hay toda una apuesta que la hizo Juan Mercerón, el diseñador de la editorial, radicado en Chile y con quién tuve más contacto. Él es un diseñador muy seco, muy talentoso como decimos acá. Contactó a Harol Bustos, un ilustrador chileno que vive en Valparaíso, para la portada, de la que se conversó mucho.

Hay un trabajo con la materialidad del texto y es un libro maleable, portable. Pero tiene sentido como libro para volar. Esta editorial trabaja con textos que no responden a una lectura fáctica. Esa palabra, de hecho, usó un editor con el que traté. Esta idea muy narrativista de una literatura fáctica, que tiene que contar una historia y casi calzar en un guión de cine, está muy presente. Al tiempo que hay otra literatura, en el caso chileno, que es minimal. Donde te cuentan un paisaje o una impresión cotidiana. Pero aquí no es ni lo uno ni lo otro. Es un devaneo, una reflexión que va tratando de contar una historia, al tiempo que mezcla temporalidades.

Creo que en este sentido, Libros del Fuego busca este tipo de experiencias, no tan tradicionales.

 

«La trayectoria de los aviones en el aire» puede convertirse en un ejercicio para el lector: jugar con las ironías, los espacios de duda y las temporalidades para obtener una versión de la historia y la enfermedad de Amaya Tripet. Este, como cualquier viaje o libro, es personal. Pero quizás es un viaje donde, a veces, el lector se siente piloto de esa narrativa que se descubre lentamente en el pasar de las líneas.

 

Si deseas leer el primer capítulo de «La trayectoria de los aviones en el aire», de Contanza Ternicier, haz click aquí

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